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“El dolor no es para siempre”
Entrevista
a Arnaldo Pangrazzi (teólogo)
Por Adrián Hernández
Arnaldo
Pangrazzi es un religioso de la orden de San
Camilo, doctorado en teología y miembro del
Instituto Internacional de Teología Pastoral
Sanitaria de Roma. Coordina, además, la
animación de grupos pastorales de la salud
que trabajan con personas que sufrieron
pérdidas, en varios países.
Mientras
visitaba la Argentina para brindar sus
cursos de animación en Morón, Olivos,
Acasusso, en la provincia de Buenos Aires y
en la Universidad Católica de Córdoba, el
padre Pangrazzi accedió a exponer sus
pensamientos sobre el duelo:
El nacimiento
es la primera pérdida. Es el primer duelo.
Cuando el niño nace emite un grito, un
gemido que es el dolor porque perdió la
seguridad del gremio materno. Después esa
pérdida acompaña la pérdida más grande, el
amor. El amor es una herida porque, cuando
empezamos a amar, empezamos a sufrir. Hay
conflicto, malentendidos, hay desapegos.
Todas las
relaciones se acaban. El duelo es el precio
que pagamos por amar. Cuando uno decide
amar, debe pensar que comienza a sufrir.
Todos estos
desapegos o pérdidas específicas sirven para
prepararnos a enfrentar la última pérdida
que es la muerte.
Los duelos
que nos hacen sufrir son los duelos
violentos. La muerte sucede repentinamente:
un accidente de carretera o de trabajo, un
homicidio, la guerra, un suicidio. Algo se
rompe por dentro, es muy violento, muy
impactante.
Algunos
duelos son enmascarados o no resueltos. Por
ejemplo, aquí en la Argentina, hubo
desaparecidos. Cuando no se ven las
personas, y los cadáveres han desaparecido,
uno no sabe cómo sucedió, qué pasó. No poder
ver, no poder acompañar complica la
elaboración del duelo.
Existe un
principio en la vida que tenemos que
integrar. No se puede vivir sin sufrir. Eso
es desde el nacimiento hasta la tumba. Ahora
cómo cada uno maneja los sufrimientos es lo
que hace la diferencia. Porque algunas
personas, frente al sufrimiento, no lo
aceptan y lo llenan de alcohol o de droga, o
de hipertrabajo.
El
sufrimiento tiene dos opciones
fundamentales. O el sufrimiento nos hace
madurar y se transforma en crecimiento, es
decir, la fecundidad del dolor que nos hace
más sabios, más humanos, más tiernos, más
cercanos a los demás. O el sufrimiento crea
o produce esterilidad. La herida nunca se ha
sanado. Sólo ha producido amargura,
resentimiento, pus. Entonces, después de
veinte o treinta años, esta persona se
siente víctima de la vida. Todo es absurdo.
La persona está deprimida.
No podemos
elegir los dolores. Podemos elegir cuáles
actitudes asumir ante el sufrimiento. La más
saludable y difícil de conseguir es la
aceptación. El dolor no es para siempre.
Detrás de las nubes, está el sol. Tal vez,
llueva, haya tempestad por varios días, pero
no será así todo el año. El sol saldrá otra
vez. Tienes que tener paciencia, aguantar,
ser resistente. Poco a poco, aparecerán
rayos de sol, elementos de esperanza,
relaciones que se renuevan, descubrimientos.
Y tienes que saborear. No serás infeliz para
siempre porque sufriste esta pérdida.
VER
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=Kcuk7Ar49Y0 |